¿Qué hicieron estas leyes?
Las Leyes N.º 31.751 y N.º 32.104 modifican las reglas de prescripción penal, reduciendo los plazos en determinados supuestos y ajustando la forma en que se computan.
En términos simples:
Se acorta el tiempo que tiene el Estado para investigar y sancionar delitos.
Si el plazo vence, el proceso se extingue.
No importa si hubo delito.
No importa si hay pruebas.
El caso muere.
¿Por qué la prescripción es tan sensible en delitos complejos?
En delitos comunes, la prescripción cumple una función razonable: evitar procesos eternos.
Pero en delitos como:
- Corrupción de funcionarios.
- Lavado de activos.
- Colusión.
- Crimen organizado.
- Delitos ambientales complejos.
Las investigaciones suelen durar años porque:
- Requieren peritajes contables.
- Implican cooperación internacional.
- Analizan redes completas.
- Revisan contratos y flujos financieros sofisticados.
Reducir plazos en este contexto no acelera justicia.
Reduce posibilidades de sanción.
Lo que muestra la experiencia peruana
En el Perú, múltiples casos de corrupción han enfrentado intentos de prescripción debido a:
- Dilaciones procesales.
- Recursos estratégicos.
- Sobrecarga judicial.
- Complejidad probatoria.
Reducir plazos en un sistema ya lento crea un incentivo perverso:
Dilatar puede convertirse en estrategia defensiva.
Y quienes pueden dilatar son justamente quienes tienen más recursos.
¿Qué hacen otros países?
En América Latina, la tendencia en delitos de corrupción y crimen organizado ha sido:
- Ampliar plazos de prescripción.
- Suspender el cómputo cuando el imputado obstruye.
- Establecer imprescriptibilidad en delitos graves contra el Estado.
La lógica es clara:
los delitos que afectan recursos públicos tienen impacto colectivo.
Reducir prescripción va en sentido contrario.
Sesgo cognitivo: “si tardan tanto, mejor cerrar el caso”
Es comprensible que la ciudadanía se frustre ante procesos largos.
Pero cerrar un caso por vencimiento de plazo no significa que no hubo delito.
Significa que el sistema no llegó a tiempo.
Y cuando el tiempo protege al acusado:
- No se recupera el dinero.
- No hay sanción.
- No hay reparación.
- No hay disuasión futura.
El mensaje que queda es peligroso:
si resistes lo suficiente, te salvas.
¿Quién paga el precio real?
Cuando un caso de corrupción prescribe:
- No se devuelve el dinero público.
- No se inhabilita al responsable.
- No se corrige la estructura que permitió el delito.
¿Quién pierde?
- El estudiante en un colegio mal construido.
- El paciente en una posta sin equipamiento.
- La comunidad con una obra inconclusa.
- El agricultor sin carretera prometida.
La prescripción no afecta solo expedientes.
Afecta derechos.
Y siempre golpea más fuerte a quienes dependen exclusivamente del Estado.
Efecto estructural: normalización de la impunidad
Reducir plazos en un sistema con:
- Sobrecarga judicial.
- Déficit de fiscales.
- Procesos complejos.
No corrige el problema estructural.
Lo maquilla.
En lugar de acelerar justicia, se reduce el tiempo disponible.
Es como apagar la alarma en vez de apagar el incendio.
Riesgo democrático
Una democracia no puede sostenerse si los delitos contra el Estado terminan extinguiéndose por calendario.
La prescripción fue diseñada para proteger derechos frente a inacción estatal arbitraria.
No para blindar redes sofisticadas.
Mi compromiso como candidato a diputado
No basta criticar.
Propongo:
✔️ Restablecer plazos adecuados para delitos de corrupción y crimen organizado.
✔️ Establecer suspensión automática del plazo cuando existan maniobras dilatorias.
✔️ Evaluación técnica obligatoria antes de modificar reglas de prescripción.
✔️ Fortalecer capacidad investigativa en lugar de reducir tiempos.
El problema no es que el Estado tenga demasiado tiempo.
Es que no tiene suficiente capacidad.
Reducir el plazo no fortalece al ciudadano.
Fortalece al que puede esperar.
La pregunta que debemos hacernos
¿Queremos un sistema donde el reloj gane más casos que la justicia?
¿O uno donde la verdad tenga oportunidad real de imponerse?
Cuando el tiempo se convierte en el mejor abogado del delincuente,
la democracia empieza a erosionarse.
Y quienes primero sienten esa erosión son los que menos tienen.